01 marzo 2006

OBITUARIO john cage

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #739, 13/07/97



A partir de un programa radial emitido por la emisora de la Universidad Nacional con motivo del Día Cage el 5 de septiembre de 1992. De donde salió Jardines de Cage, un montaje sonoro de 27" que hice el año siguiente.
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Antes estaba y ahora ya no está... El conejo blanco regresa a la oscuridad del sombrero, se hace liviano, sideral. A propósito, Satie decía, a la policía no le gustan las desapariciones; ellos no entienden nada de magia.


Cinco de septiembre


En un día como este nació un niño al que le pusieron Luis, Luis XIV, el de Versalles, el Rey Sol, con letras resaltadas y rayos que salen de su cuna como si fuera un bombillo. Un rey poderoso que podía materializar cualquier idea caprichosa que cruzara por su mente, como transformar un terreno pantanoso y malsano en los extensos y soberbios jardines de Versalles. Paisaje Real, a su medida, concebido por su amigo y jardinero Lenôtre, con su gran perspectiva proyectada al horizonte sobre espejos de agua y tapices de césped sembrados de estatuas como fichas mitológicas jugando alrededor del monarca, verdadero punto de fuga de toda la composición. Escenario perfecto, además –como reseña la Guide de Versailles Mystérieux–, para la fantasmagórica aventura del 10 de agosto de 1901, cerca del Petit Trianon, cuando un par de turistas inglesas a finales del XVIII, Miss Moberly y Miss Jourdain, cruzaron de manera imprevista un umbral en el tiempo, encontrándose entre gente vestida a la antigua en medio de un paisaje irreal, de gobelino.

Campanella, quien hizo el horóscopo del pequeño “Dieudonné” (llamado así por haber nacido después de largos años de infructuosa preñez), dijo a Richelieu y Ana de Austria que el niño tenía por misión someter los pueblos a la monarquía Gálica y solar, preparando así el futuro reinado de la justicia sobre la tierra. Calculada predicción del utopista y astrólogo (nacido el mismo día del Rey), de la llegada de un héroe a la medida perfecta de su platónica y delirante Ciudad Solar. El resto es ya sabido.

Ahora, si este Luis XIV, el monarca por excelencia, encarnó como nadie el poder absoluto, quién iba a pensar que un tal John Milton Cage Jr. (un gringo nacido en 1912, otro 5 de septiembre, en Los Angeles, California) lograría descentrar tan soberano punto de vista con un disolvente, y muy ingenioso, modo de escucha?

Me fijé por tarea abrir la personalidad. Lo que quiero es una anarquía práctica, o practicable.


Para alguien que se llame John Cage (Juan Jaula), el propósito resulta explicable : la figura de un rey –éste o aquel– sometiendo la totalidad del paisaje a los servicios emblemáticos de su regia persona, no podía caber ni en la naturaleza ni en el momento que Cage, como artista, representa. La abolición del principio monárquico y la rebelión de las energías por él represadas, fue simbolizada ya, ejemplarmente, en la decapitación revolucionaria de uno de sus descendientes.

De un tiempo a acá, como lo muestra la pintura moderna a partir del Cubismo, el descrédito de la visión perspectivista del punto único, que tan bien correspondía a la mirada del rey, se fue haciendo cada vez más evidente : El Yo, en franca y obstinada obstrucción paisajística, no dejaba ya ver el bosque. Y a pesar de los  mapas herméticos que el Rey diseñara para recorrer sus jardines esotéricos (paseo que supone cierta capacidad interpretativa en quien los ‘lea’ caminando) y las esculturas de plomo pintado a escala natural  (a la manera de Orlando en la Florida) ilustrando las muy instructivas fábulas de Esopo en el ahora inexistente laberinto de Versalles, nos encontramos hoy frente a un tupido follaje sometido a lo que el viento resuelva y dictamine.

Cuando Cage dice, me contaba entre los insatisfechos con las artes tales como eran y tal como Europa nos las había dado, no está haciendo otra cosa que manifestar el generalizado disgusto con las fatigas imperiales de Occidente. De ahí que la opción redentora apunte a lo indeterminado, a la creación imprevista, y el propósito de Cage (hijo de un inventor) se oriente a liberar los sonidos de la música que los tiene capturados.

Así, de un 5 de septiembre a otro 5 de septiembre, 274 años más tarde, pasamos de la Monarquía absoluta a la Anarquía total.


Silencios

La naturaleza del Tao viene expresada : a) por su incognocibilidad, b) por su inefabilidad y su anonimato, c) su distinción de los seres restantes, d) su infinitud. (...) Sólo le puede percibir el espíritu despojado de todo conocimiento... por eso se le designa con nombres negativos, La Nada, El No Ser, etc.



Glenn Gould, conocido pianista compositor y comunicador canadiense, en su Discurso con ocasión de una entrega de diplomas de fin de año, dice : La integración del negativo en nuestras vidas minimiza por comparación cualquier otro concepto que haya podido ser objeto de especulación por parte del hombre a todo lo largo de la historia de su pensamiento.

El silencio entonces, la dimensión negativa aplicada al sonido, haría posible dos cosas : el desalojo de los datos positivos (la música como sistema constituido), y la irrupción del sonido ambiental imprevisto (así haya música), sobre la virginidad del espacio.

En una entrevista, Daniel Charles pregunta :   ¿Tomar en serio el silencio, no dar un sitio de privilegio al sonido musical, significa, en consecuencia, ampliar también el sonido mismo?

Cage : Significa rehusarse a verlo sometido a lo que se ha convenido en considerar como musical... pues la música no es más que una palabra.

Una palabra llena y una palabra vacía. Lo dado frente a lo posible, condición y tensión indispensable de todo proceso creativo. El problema de la composición, por ejemplo : en el caso Cage, el tener que eludir el lado constructivo de la composición musical ateniéndose a una estrategia involuntaria, prácticamente natural, donde el compositor aparece como un inventor de dispositivos, un creador de medios más allá de toda tentación personal, expresiva. El asunto de quién, o qué, se ocupa, y cómo.

Cage encontró que el Ritmo era el elemento estructural que le permitía integrar en la porosidad de sus intervalos el tiempo de un criterio musical diferente. Una noción que en su misma sencillez le permitía pasar de la Armonía (considerada 'artificial') a la Percusión, una red palpitante enredada en las vísceras de todo fenómeno. De modo que si el compositor no le había dicho a los sonidos lo que tenían qué hacer, entonces, consecuentemente, cualquier acontecimiento que pueda discurrir en el tiempo, sujeto a una determinada estructura, puede ser considerado músical.

El resultado de una tal orquestación (abierta inmersión hacia el detalle inmediato, aleatorio) es una música sin memoria. Experiencia de un sonido que adviene, emitido desde todos los lugares al tiempo, irrepetible, imposible de silbar. Entonces ¿de quién es la voz que uno escucha, pues ‘compuesta’ en las plurales maquinaciones del azar, la noción de autor se desvanece en las interacciones de alguien con aquello?

Bajo el cielo está el viento. El Ir al Encuentro (La Transigencia)... Un melón cubierto de hojas de sauce: líneas ocultas. Entonces la cosa le llega a uno como caída del cielo. No se produce ninguna intervención violenta. Las líneas ordenadoras de las leyes, en las que reposa la belleza de la vida, se ocultan. Se deja que el fruto, que uno ha tomado bajo su cuidado, siga enteramente su desarrollo natural. Entonces madura por sí mismo. Uno lo recibe como si le perteneciera. No es una situación artificial. Esta aparece predeterminada de este modo por el designio al que uno se atiene.

La respuesta del I Ching, el cual hemos consultado a propósito de la naturaleza y el sentido del azar, siguiendo el procedimiento utilizado ampliamente por Cage, nos habla de 'líneas ordenadoras', de 'oculta belleza'. No se trata entonces de 'una situación artificial' puesto que la voz que oímos no es intencional. Esa transigencia permite que todo vaya haciéndose a medida que va siendo, componiéndose en medio de una acción ultra-relacionada, percutiva. Por eso, si los sonidos son el alma del objeto inanimado como sugería Fischinger (de quien Cage tomó la idea) todo se encuentra disponible : basta encontrar el dispositivo, la aproximación ingeniosa capaz de acoger las audiciones.

Daniel Charles : ... en este mundo, tal como usted lo define, el logos, la lógica, pesa bien poco.

Cage : Es que yo no soy un filósofo ¡griego! (...) Lo que deseamos es la experiencia de lo que es (...) Lo que es no depende de nosotros, sino que nosotros dependemos de eso. Y debemos acercarnos allí (...) Esa es la función del arte actual : protegernos de todas esas reducciones lógicas que estamos tentados de aplicar a cada instante al fluir de los acontecimientos. Acercarnos al proceso que es el mundo.

Así y todo, algunos críticos suponen que Cage no es más que un hombre ingenioso que juega con fragmentos y que no ha podido lograr organizar en composiciones sus hallazgos (Lucien Rebatet). Precisamente cuando 'organizar en composiciones' resulta ser la actitud voluntariosa, la aplicación dominante sobre el material sonoro que hace toda la diferencia entre un Cage que delega (porque participa) y un Compositor que gobierna (porque se expresa), muy a la manera de nuestro iluminado rey francés.

Satie lo decía una y otra vez : En el arte no hay verdades artísticas (...) seamos artistas sin quererlo (...) desconfiemos del arte: a menudo no es otra cosa que virtuosismo.


Sólo el eco allá, en el bosque vírgen; ¡reclamad su presencia!
(Joyce, Finnegans Wake)


Los indios norteamericanos perdieron su territorio, y su territorio era sagrado. Chief Joseph, Caballo Loco, Alce Negro; grandes hombres murieron siendo testigos. Una fotografía de Wounded Knee testimonia a su manera desnuda y directa el lugar de la masacre : un paisaje yerto y afligido cubierto de cuerpos como rocas o paradójicos bufalos silenciados en la nieve. Un drama escénico de ópera barrida, sin actores gesticulando bajo los proyectores –como en muchos cuadros de batallas antiguos–, mudo, sin más texto que el sonido del aire que sopla sobre la caparazón de los disfraces.

El hecho es que al fondo de alguna experimentación contemporánea (Cage en uno de los centros) se ha ido pasando del texto 'operático', de la puesta en escena controlada, al trazado espacial de la danza, a la figura dinámica del desplazamiento de los cuerpos en un intento de recuperaciones primitivas, de una 'gobernabilidad natural' o 'anarquía practicable'. Una razón más, si se quiere, para poner el sistema de la Cultura (una palabra llena y una palabra vacía) entre las comillas de su limitada y pretenciosa generalización. Pues 'sólo le puede percibir el espíritu despojado de todo conocimiento'.

El rostro de Cage –sobretodo en sus últimas fotografías– revela un hombre con aspecto de indio viejo, trajinado y sonriente, como celebrando alguna libertad conquistada. Y es que 'abrir la personalidad' no ha de ser un propósito sencillo : la envoltura que da salida al recipiente, lo que sale, y el ‘aire’, la canción que encuentra.

Una vida poética, en suma, el salto que lo precipita a uno de nuevo en el punto cero para caer (de pie) sobre una mesa de viento.